¿Gobernar sin corrupción?

Esta mañana despertaba con la siguiente noticia: Detenido Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, en una operación contra la corrupción en el Canal de Isabel II durante su presidencia.

Desde hace varios años siempre me ha venido a la cabeza esa pregunta: ¿Les interesa a los partidos políticos instaurar controles democráticos efectivos para llevar a cabo un gobierno honesto? Mi respuesta es no. Rotundamente, no; no hay un interés real en terminar con la opacidad de la gestión pública.

Aun así, intento ser optimista y creer en la regeneración de España y en la labor que promueven muchos colectivos de nuestro país que se encuentran en estos momentos luchando por un mundo mejor. O, siendo sinceros, una vida distinta. Porque la que tenemos está totalmente controlada por el poder actual y, por leyes que nos amordazan y eliminan nuestros derechos fundamentales. Vamos dando pasos agigantados, pero en el sentido equivocado.

En mi opinión algunos partidos políticos carecen de una ideología clara y los más, la tienen relegada. Venden honestidad y generosidad, pero se han convertido en plataformas para conseguir una mejor calidad de vida para sus integrantes. Han llegado a convertirse en devoradores de poder, de cargos, de dinero y privilegios. Seguramente me equivoque y no sean todos los políticos, seguro que no. Pero un alto porcentaje de los políticos actuales sí lo son y como ciudadana hacen que no me sienta segura, siento que cualquiera va a robarme. No solamente dinero, sino mis privilegios y derechos fundamentales.

Pero no nos quedemos en la corrupción como la entendemos. Por ejemplo, el robo de fondos y el enriquecimiento ilícito, como algunos creen. La corrupción también es toda actuación que los partidos llevan a cabo diariamente con impunidad porque en la Ley española están permitidas. Entre estas actuaciones, encontramos el despilfarro, la creación de instituciones y empresas públicas innecesarias, otorgar favores, subvenciones o ayudas con arbitrariedad y administrar el dinero público como si les perteneciera. Utilizar la posición política para obtener dinero y poder.

¿Sobrevivirían los partidos políticos a las reglas de una verdadera democracia?

Esta pregunta también la respondo con un ‘no’ rotundo. Porque no les interesa. Tendrían que echar el cierre, igual que han obligado a muchísimas pequeñas empresas españolas. No les interesa gobernar sin opacidad, no acumular el poder, prescindir de puestos en los que colocar a sus familiares, perder la posibilidad de ofrecer favores o subvenciones a los amigos y no acosar y aplastar a sus adversarios. Pero todo esto, está en contra a la ética y a la democracia de la que tanto alardean.

No sobrevivirían porque no saben lo que es anteponer el bien común a sus propios intereses. Porque no resistirían en un Estado que obligara de forma efectiva a cada uno de ellos a respetar la moral y las leyes.

Por eso mismo, si hay algo que me molesta demasiado en mi profesión son las cortapisas que les imponen a los periodistas  -tanto de forma implícita como explícita- para poder llevar a cabo un trabajo honesto y con la verdad por delante. Que no haya cabida para una prensa libre y crítica. Que coloque contra las cuerdas tanto a los de un bando como a los del otro, que los deje desnudos y no se imponga el engaño y la mentira. Si la prensa fuera realmente independiente, libre y veraz, como dicta la democracia, al poder se le vería el plumero.

«Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.» – Georg Christoph Lichtenberg

 

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