«Ruta al exilio» de Antonio Trives

Comencé a estudiar periodismo porque quería transmitir la verdad, mostrar las situaciones de los más desfavorecidos y luchar contra aquellos que maquillan los hechos y tergiversan la información.

Durante mi primer año, y tras una charla de Rosa María Calaf, decidí que quería ser corresponsal de guerra. Cinco años después, me encuentro trabajando como periodista corporativo y disfrutando cada día de lo que hago, aun así, no dejo de seguir aprendiendo sobre ese tipo de periodismo al que algún día me gustaría dedicarme.

Esta mañana, he podido asistir a una charla que ha impartido Antonio Trives a los alumnos de periodismo de la UMH, en la cual ha presentado su libro ‘Ruta al exilio. El camino de refugiados de Oriente Medio a Europa’.

Durante el transcurso de la charla ha explicado que el libro, aun habiéndolo escrito él no es realmente quien lo escribe, sino lo hacen los testimonios de aquellas personas que de forma desinteresada quisieron contar su historia, cómo fue tomar una decisión que no les garantizaba sobrevivir, cómo es la travesía de cruzar todo el país o ponerse en contacto con un traficante de personas. Porque ellos, al igual que tú que estás leyendo esto, tenían todo lo necesario para vivir y ahora no tienen nada, porque fueron obligados a abandonar su hogar sin saber a ciencia cierta cuál sería su siguiente paso, porque como bien escribe Antonio en las primeras páginas de este libro: “en el mismo tiempo que has empleado para leer el párrafo anterior -calculando que lo has hecho en un minuto, más o menos- veinte personas han abandonado sus casas, sin quererlo, forzadas por la situación insostenible de su entorno, según la equivalencia de nuevos desplazados que corresponden al total de 2016”. Porque ‘Ruta al exilio’ es la selección de más de 30 entrevistas a personas que un día tuvieron que dar un portazo a la puerta de su casa con la llave dentro porque nunca podrían regresar.

En mi opinión, no creo que ser refugiado consista solo en tener que huir, sino que también conlleva el incumplimiento de muchos derechos humanos fundamentales y, sobre todo, sentirte un ciudadano humillado y sometido por otro país ante la mirada impasible del mundo. Por ello, desde mi granito de arena, me gustaría dar visibilidad y pedir ayuda; ya sea por asistir a eventos benéficos o participando en asociaciones que velen por el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales. Aun así, si queréis algo más fácil, practicar la empatía es gratis y saludable para cada una de estas personas, que repito, no han elegido tener que escapar buscando una vida mejor.

Quien aparta los ojos de las tragedias ajenas se vuelve un poco cómplice.

“Lo importante es contar luego las impresiones del combate como si el corazón latiera a las mismas revoluciones que las ametralladoras […]” – Sarajevo, Alfonso Armada

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