
Esa es la cuestión. Hoy quería hablaros sobre el valor que nos damos a nosotros mismos día tras día para que las personas que nos rodean piensen de una determinada manera de nosotros. Pero, ¿merece la pena?
Mi madre siempre me ha enseñado que la mejor forma de vivir es siendo uno mismo. Desde pequeña eso era lo más importante. Ser feliz haciendo lo que más me gustaba sin perjudicar a nadie. Hasta que llegó el tiempo de las redes sociales, los chicos, los grupos de amigas, el maquillaje, salir los fines de semana… lo normal a los 16 años, aunque en mi caso, recuerdo que existía una diferencia. Tenía claro lo que quería llegar a ser y que nada dejaría que perturbara ese camino. Como dije en mi primer post, todos hemos sido jóvenes y hemos hecho cosas que en otro momento, o con otro grupo de amigos, nos podríamos haber ahorrado. Y con esto quiero llegar a cómo cambiamos nuestra forma de ser para aparentar, realmente, lo que no somos.
Portadas de revista
¿Habéis pensado alguna vez si las chicas que salen en las portadas de Vogue o Elle son felices de verdad o por obligación?
«Voy a poner mi mejor cara durante la sesión de fotos y luego voy al gimnasio porque me está saliendo un poco de piel de naranja, además, debería ir a la peluquería a hacerme la manicura de 20€, que no tengo, pero no pueden verme con las uñas feas. Y después paso por Starbucks a por un café y un muffin que necesito una foto para mi Instagram.» ¿Qué vida les espera a los más jóvenes si sus referentes son el futbolista Cristiano Ronaldo o la modelo Jessica Goicoechea? Desde fuera, dibujan una vida fácil, mucho dinero, productos gratis de las mejores marcas, las mejores habitaciones en los mejores hoteles, playas paradisiacas, vacaciones pagadas. Desde dentro, estrés, prisas, miles de vuelos, sonrisa aquí y ahora por obligación, no ver a tu familia, no tener un hogar fijo o un domingo de risas con amigos, porque los días que tienes libres no son los mismos que los de ellos.
Monstruo Espagueti – Libro de Anastasia Bengoechea
Hace unos años cayó en mis manos este libro. Los que más me conocen, saben que mi humor está bañado en sarcasmo y es lo más simple, de esos que cuestan entender. Maravillada por este libro y las verdades que esconde entre sus páginas decidí tomarme la vida de otra manera, dejaría de dar explicaciones a todos mis seguidores de las redes sociales y me mostraría tal como soy y no como ellos esperan que sea.
Gracias a este libro me di cuenta que la vida real y mi felicidad está, por ejemplo, cuando tomo un café con mi mejor amiga y programamos viajes de verano o los días que paso con mis padres disfrutando de una buena conversación. La felicidad no está en la foto del plato de comida ni en la foto del gintonic de después. No es necesario contar al detalle dónde o con quién estamos. Por eso vengo a mostraros que David Bustamante y Paula Echavarría son dos personas simples con discusiones en casa y nos demuestran que el amor también se acaba; o no. Pero lo importante es la decisión que han tomado de no seguir con una farsa que no les hacía felices, simplemente porque estuvieran calificados como la mejor pareja española. Así que no, no pienso vender bombas de humo ni compartir mi felicidad instantánea solo para que vosotros penséis que mi vida es maravillosa y estupenda por lo que aparezca en mis redes sociales, eso no sirve para mi felicidad. Prefiero compartir mi vida verdadera, esa que aparece cuando me levanto con ojeras o me pongo a cantar con un filtro de Snapchat. Porque eso soy yo, con mi mal humor de vez en cuando, mis defectos y tristezas también, no una copia del personaje estándar que nos obliga a aparentar este absurdo sistema.








