Desde hace mucho tiempo me ha llamado la atención esas cartas que escribe la gente con título “A mi yo de quince años” con sus reflexiones y consejos, como si pudieran volver a atrás para cambiar un solo momento. Pero no, el pasado es inamovible, solo podemos aprender a disfrutar de él. De eso vengo hoy a hablaros, de dejar de pensar en lo que pudo haber sido y no fue, de dejar que el pasado se asiente en lo más hondo de nuestra memoria y saquemos los mejores momentos de él, pero, sobre todo, de pensar en mejorar el futuro aprendiendo del presente.
¿Cómo se verá el mundo dentro de 50 años?
La actualidad del siglo XXI es un tiempo en el que ninguna persona, creo que, hubiera pensado que sucedería tal y como es, ni le hubiera gustado estar. Nos encontramos en una situación precaria a nivel de sanidad o educación, el rico cada día es más rico y al pobre lo menosprecian, porque “molesta”. Los valores morales cada vez son menos importantes y llegamos a pelearnos por la blusa más barata en temporada de rebajas. En los colegios se ríen del niño más inteligente y los gobernantes buscan crear una sociedad que sea inculta para poder amordazarles y manejarles como marionetas de un juego en el que no hemos elegido participar. Pero prueba a oponerte a ver qué ocurre.
Solo hablo de determinadas situaciones en nuestra sociedad, pero si nos paramos a pensar podríamos hablar durante horas y horas de todo lo que no estamos haciendo bien y, sobre todo, no nos dejan hacer bien.
Sé que hablar sobre cómo será el mundo dentro de 50 años es hacer ciencia ficción y tendría toda suerte de fallos, pero sí puedo contaros cómo me gustaría que fuera. No me hace falta hablar desde el punto de vista político o religioso porque seguro que no todos estaremos de acuerdo y jamás podrá haber solo un bando (aunque sería la mejor opción en muchas ocasiones si aprendemos a tratarnos con mayor asertividad), por eso solo pienso hablar desde la lógica humana, o al menos de lo que significa para mí.
Dentro de 50 años espero que la concienciación del cambio climático haya hecho mella en cada una de las personas de este mundo salvando a miles de especies que cada año desciende en número, entrando en peligro de extinción, porque como no lo hagamos también acabaremos nosotros por desaparecer. Que los animales dejen de explotarse comercialmente y que no se usen en espectáculos o actos culturales para el disfrute del ciudadano. Espero que la sanidad de calidad sea un derecho básico y, como tal, podamos gozar de él sin tener que esperar quince días para saber si unos resultados son favorables o no. Sin embargo, no espero que las personas no mueran, solo que no mueran sufriendo, ni cuando les queda toda una vida por delante. Porque morir, seguirá siendo ley de vida.
Espero que aprendamos, más pronto que tarde, el valor que tiene sentarse en una terraza a ver la gente pasar y disfrutar de la compañía de las personas sin que una pantalla táctil y fría nos aísle de la realidad. También espero que los libros no desaparezcan, que no se olvide lo que es el olor de un libro nuevo o el tacto de las hojas al separarse por primera vez.
Dejar de materializar el amor o la alegría. Porque si algo he aprendido en estos años, es que puedo, podemos, morir aun teniendo el mejor móvil del mercado; y que la ansiedad no desaparece, aunque gaste la mitad del sueldo en ropa. Así la dependencia a la pareja no será un tipo de relación humana y podremos aprender a valorar la calidad y no la cantidad del tiempo que compartimos con las personas. Potenciar la inteligencia emocional.
De la corrupción actual que nos inunda espero que exijamos que si alguien roba, debe pagar por ello. Sea quien sea. No importa el nombre ni el cargo que ocupe. También espero que la igualdad entre hombres y mujeres no sea objeto de ningún chiste fácil que contar en cualquier fiesta. Espero que se erradique el maltrato en todas sus variantes, el desempleo, la falta de empatía, los desahucios, el terrorismo y sus guerras, el poder para aprovecharse de otros, la migración por obligación, el botellón como forma de diversión, la falta de educación, la intolerancia y el cuerpo 10.
Por todo esto, no me gustaría pensar que al leer esta entrada esperabais una lista en la que hubiera coches voladores, unicornios como mascota, cinco días de fiesta y dos de trabajo, que las rebajas durasen todo el año, que las carreras universitarias se aprendieran en un año, tener superpoderes o que un robot nos hiciera las labores del hogar. Sería fantástico, pero seguiríamos sin aprender el valor real de las cosas. Cada día seríamos menos humanos provocando que la capacidad de sentir de cada uno volara en uno de esos coches o se pudiera comprar al precio más bajo en el mercado. Y si eso es lo que me espera dentro de 50 años, “que paren el mundo que me bajo”.






