Mentiras.

Mentira, según la Real Academia Española de la Lengua es la manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente.

En la actualidad aceptamos que las mentiras son necesarias para nuestro día a día; y sí, todos mentimos. Tú que estás leyendo esto también lo haces. Quien no haya mentido nunca, que tire la primera piedra, porque el plagio también es mentir, al igual que las promesas rotas, los rumores, el autoengaño o la exageración.

Pero, ¿por qué mentimos?

Hace unas semanas, leía un artículo en el cual se explicaba que los seres humanos oímos o leemos más de 200 mentiras cada día, muchas de ellas creadas por nosotros mismos. Por eso me hice esa pregunta. La de veces que habré mentido para no llevarme una bronca en casa o para entrar en un grupo haciendo que me vieran de una determinada manera. La de veces que he mentido para obtener un beneficio o para que alguna persona no se enfadara conmigo, cuando tenía claro que desvelar la mentira en el momento que te pillan era mejor que mantenerla durante años. Como bien me sigue diciendo mi madre: “Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”. La de veces que he resultado no ser el cojo.

Mentimos por miedo a que la verdad se ponga en nuestra contra, mentimos por miedo a perder a las personas, a perder momentos, a perder sensaciones. Mentimos por miedo a la soledad, a no conseguir lo que queremos, a no gustar a otros. Mentimos por miedo al fracaso. Mentimos por miedo. Mentimos y mentimos.

Y lo peor, es que lo seguiremos haciendo aun a sabiendas.

Seguimos mintiendo porque a veces, nos creemos nuestras propias mentiras. Y no nos percatamos de la magnitud del daño que podemos causar a las personas de nuestro alrededor. Además, de la ansiedad que nos produce mantener una mentira y que la verdad no salga a la luz. Una mentira, no vale la pena. Las piadosas casi tampoco. Porque si pensamos un poco en ello, cuando nos encontramos en el otro lado y somos a los que mienten, nos sentimos dañados y manipulados por una persona en la que probablemente, habíamos puesto toda nuestra confianza y, esa, desaparece. Pero siempre seguimos encontrando un motivo para hacerlo. Incluso cuando jugamos con la confianza y la lealtad.

Robert Trivers, profesor de Antropología y Ciencias biológicas en la Universidad de Rutgers y profesor de Psicología en la Universidad de Harvard, comenta que “los humanos somos unos mentirosos redomados, aunque no seamos conscientes de nuestras fabulaciones. De hecho, la mayoría de ellas no son intencionadas, sino que forman parte de un peculiar mecanismo evolutivo que nos ha permitido obtener ventajas sustanciales y múltiples beneficios”

Si mentimos inconscientemente, esto no ocurre: “Tu voz será igual, porque tu cuerpo no se está tensando, ya que crees que no estás mintiendo”, asegura Trivers. Y nadie puede pillarnos. Por eso el autoengaño es un ingenio evolutivo que utilizamos para evitar que nos pillen en la ardua situación de mentir.

Esto me recuerda que tendré que poner atención para intentar ser consciente de todas mis mentiras; que mi inconsciente no gane a mi razón. Pero no solo mentimos a través de nuestras palabras, sino también lo hacemos a través de nuestro aspecto cuando nos maquillamos, nos cambiamos el color del pelo o nos hacemos operaciones estéticas. Incluso, cuando fingimos orgasmos.

¿Dónde hemos dejado la sinceridad?

Son muchos los años que me quedan para seguir aprendiendo a no enmascarar la verdad, a aprender de mis errores y a valorar la lealtad. Porque si, de momento, hay algo que he aprendido es que la mentira no es necesaria para quedar bien o para excusarme por algo que he hecho y me avergüenzo, porque avergonzarse también es humano. Con la mentira se obtiene más veces lo que no se quiere que lo que se quería conseguir. La mentira no da una mejor imagen de mí misma ni conseguiré un trato mejor por ella. Tampoco sirve para obtener un beneficio y aprovecharnos de personas que ponen toda su confianza en nosotros. Porque en la mayoría de los casos, confesar una mentira es el mayor acto de valor que podemos demostrarle a una persona, y un buen momento para dejar de seguir mintiéndonos.

La más grande de las mentiras no cambia la verdad, solo la oculta o lo que es lo mismo, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Compártelo para que otros lo lean...Share on facebook
Facebook
Share on google
Google
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
Linkedin
Share on pinterest
Pinterest
Share on tumblr
Tumblr

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *