Recuerdo el verano de hace unos diez años aproximadamente en el que mi madre, todas las tardes, nos daba un diccionario a mi hermano y a mí. En él teníamos que buscar una palabra al azar y escribirla varias veces en un folio. Así y leyendo fue como mi vocabulario se fue enriqueciendo poco a poco y aprendía, aunque aquello provocara que estuviera maldiciendo ese verano los cinco años siguientes. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de la importancia de aquel momento, de la cantidad de palabras que sabía y lo poco que lo valoré. Pero, sobre todo, de la dedicación de una madre porque sus hijos hicieran, cada día, algo productivo. He de decir que esa tarea no se cambiaba por jugar e ir a la piscina, sino que esos momentos también los teníamos, y en mayor proporción.
De eso quería hablaros hoy, de la importancia de la educación. De tal palo, tal astilla.
Mi infancia siempre ha estado repleta de libros, tanto, que si pudiera meter su olor en un botecito, lo haría. Mis padres han sido siempre quienes nos inculcaban el valor de la información, del aprendizaje mediante la lectura y la pasión por ese mundo. De alguna manera, sabían que nuestra imaginación lo agradecería en unos años, por eso nunca se escatimaba en el gasto que suponía un libro nuevo a la semana. Podría decir que éramos devoradores de libros y quedarme corta. Por eso mismo, tengo muy claro que la importancia de la educación es real y necesaria.
¿Cómo afectan las personas que pasan por nuestra vida?
Desde que nacemos hasta que morimos podemos estar en contacto con millones de personas, ya sean buenas o malas. Pero siempre, aprenderemos algo de ellas. Nos afectan a la hora de vestir, de hablar, de comportarnos en un determinado entorno social, de pensar… provocando que la dirección de nuestro camino cambie en cuestión de segundos. Así conformamos nuestra identidad, que cuando una persona no tiene claro el rumbo que desea tomar, su identidad se ve suplantada por la de un grupo social, convirtiéndose así en «borregos».
En mi opinión, la identidad personal es un largo camino en el que nunca dejamos de aprender y tomar decisiones que nos van formando, es necesario que desde bien pequeños, nuestros padres nos inculquen el valor de las cosas, nos alienten culturalmente y nos hagan mejores personas. Y digo nuestros padres, porque desde bien pequeños nuestra mayor referencia son ellos. Y en ellos está el poder de crear en nosotros hábitos útiles que podamos agradecerles cada día.
Para terminar la entrada de hoy, os dejo un par de ilustraciones de Flavita Banana, una ilustradora que nos muestra la realidad de la sociedad desde el humor más rebuscado posible. Disfrutadla tanto como yo lo hago cada día.









Se nace, o se hace? Puede que existan casualidades, pero lo normal es que si plantas letras, coseches libros….