¿Exigir o eximir?

Son muchos los años que llevo de estudiante y han sido muchos los profesores que he tenido el placer de conocer, tanto para bien como para mal, pero todos se dedicaban a la enseñanza y querían transmitir sus conocimientos a sus alumnos de la mejor manera que sabían. Aun así, han sido muy pocos los que a día de hoy recuerdo con cariño y a los que les estoy muy agradecida por haber formado parte de mi vida y haber ayudado a convertirme en la persona que en este momento soy.

Llevo varios días escuchando conversaciones de familiares que tienen que obsequiar a los profesores de sus hijos, incluso yo misma me he visto entre la espada y la pared por no querer obsequiar con más regalos en mi graduación. Yo hoy quería hablar sobre este polémico tema que tantas vertientes tiene y de alguna manera creo que se nos está yendo de las manos.

Para hablar de ello, no solo me quería centrar en mi opinión personal ya que en estos días he llegado a pensar si estaba loca por no querer poner más dinero del que creía oportuno en un pequeño obsequio a un profesor, por eso he querido buscar en internet alguna declaración del personal docente con respecto a este tema. En el siguiente enlace (http://blogs.20minutos.es/madrereciente/2017/06/27/opinan-los-maestros-los-regalos-las-familias-les-suelen-al-final-del-curso/) podéis leer muchas declaraciones de diferentes puntos de vista y la mayoría de profesorado de colegio, yo aquí he recogido algunas:

David

Para los que piensan que un maestro por ver que una familia no le ha hecho regalo, al año siguiente va a mirar mal a su hijo, no tienen ni idea de lo que sentimos por los 25 niños que al menos 25 horas semanales están a nuestro cargo. Y digo al menos porque otros se pasan casi 50 horas en el colegio. Intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor que podemos y sabemos, y si alguien quiere tener un detalle con nosotros que lo tenga, como yo lo hago, regalándole un CD con las fotos que he ido haciendo durante el año o comprando materiales para el día de la madre. Porque me regalen algo valorado en 100 euros tu hijo no va a tener mejores notas. El mejor regalo es el último día de cole y un niño se te acerca y te dice que te va a echar de menos.

Ana

Soy profesora de secundaria. Y como profesora, me considero valorada cuando mis alumnos me reconocen la labor profesional que he ejercido a lo largo del curso. No necesito ningún regalo económico para considerarme feliz. A título personal he recibido este año (sin ir más lejos) varios regalos: mensajes, unas flores cogidas del campo y una tarjeta dedicada. Otros años me han regalado una placa, o un colgante o un ramo de flores o unos bombones. Normalmente me siento muy incómoda al recibir estos regalos, porque recibo un sueldo por ello, pero luego me acuerdo de la ilusión con la que yo hacía esos regalos a los profesores que apreciaba. No olvidemos que pasamos muchas horas con ellos, que muchas veces nos involucramos de más. Y no es por el regalo, es un detalle que tienen con el profesor. Particularmente, NO me gustaría recibir un regalo caro, tipo libro electrónico. Me sentiría muy mal. Pero sí me gusta recibir esas tarjetas escritas por mis alumnos, o un bizcocho hecho por una madre agradecida… hace que esto valga la pena, sobre todo con las putadas (y perdón por la palabra) que nos hacen día a día nuestros “jefes”. No nos equivoquemos, la educación es una cosa de todos, no es sólo un sector económico, es un futuro mejor para nuestros hijos. Y no somos mejor ni peor que otros sectores. Sólo tenemos algo demasiado importante entre nuestras manos.

Hombre de escuelas

He vivido en las escuelas toda mi vida. Y tengo que decir que la moda actual de los padres de dar un obsequio al profesor es muy negativo para la actividad docente. Muchos de los padres lo hacen con toda la buena fe. Otros, aunque no te puedan ver, se incluyen en el paquete. Otros, los pocos no participan del regalo colectivo al profesor, pero hacen llegar su agradecimiento por múltiples vías.

Lo que sustenta el regalo al profesor es realmente una falacia. Una falsedad que por mucho que se quiera no se puede evitar, y por mucho que se quiera argumentar, no se sostiene. No es un agradecimiento sincero, sino más bien, cumplir con lo establecido. Estoy en total desacuerdo con esta práctica porque divide y enfrenta a padres y profesores poniendo en peligro la vertebración de la clase y el buen funcionamiento del centro.

Hay padres que no entienden que existan otros padres que no estén de acuerdo con el regalo y recriminan a sus hijos, excluyéndolos de alguna forma, y de aquí surgen los problemas.
Luego se hacen regalos a unos profesores si y a otros no. Si cae bien la profe de inglés, se le hace el regalo, pero al de mates no, o viceversa. Lo cual además crea un mal rollo entre el profesorado, que hace que cada vez más rechacen este tipo de iniciativas.

Amén de que aceptar ciertos regalos está tipificado en el código penal, desde una perspectiva global, el regalo al profesor es una práctica muy negativa que enturbia la noble profesión del profesorado, y por esta razón debería de salir de las aulas. En muchos colegios se hace con buen criterio y los regalos si se dan, se hacen fuera del recinto educativo (en la calle). Ya que, si es algo que es negativo desde un punto de vista global, esto debe estar lo más alejado del aula posible. No se debe fomentar lo que en el fondo y en la forma es perjudicial para la actividad docente.

Yo no sé lo que es dedicarse cada día a enseñar a personas y que sobre ti caiga toda la responsabilidad de lo que esas personas puedan llegar a ser en un futuro. Nunca he pensado en ser profesora, pero en lo que sí he pensado es en que jamás necesitaría que mi trabajo profesional se reconociera con regalos. En mi futuro estaré satisfecha por recibir un salario más o menos corriente en cuanto al trabajo realizado, pero no necesitaré medallas o regalos que poner en la estantería de mi salón. Sino que estaré agradecida por desempeñar un trabajo en el que me sienta realizada día tras día y que mi mayor satisfacción sea trabajar en aquello que me hace feliz. Porque, ¿qué hay de verdad en estos regalos? ¿Son muestras sinceras de cariño o el típico peloteo generalizado en la sociedad?

Jamás en mi vida habría pensado que me sentiría obligada a la hora de realizar un obsequio a un profesor por el simple hecho de que el resto de compañeros pudieran opinar mal de mí. Incluso, que ese profesor, pueda hacerlo. No estoy de acuerdo en los regalos por obligación, pero ni con profesores ni con la gente cercana a mí. Las personas que me conocen saben que me encanta hacer regalos, ya sea en un cumpleaños o porque un día haya visto algo que me recuerde a alguien y me apetezca regalárselo. No necesito excusas para hacerlo, ni para dejar de hacerlo. Incluso, me da igual de la cantidad de dinero que se trate. Pero en lo que no pienso participar es en el regalo por obligación cuando yo lo sienta así o de mí no salga hacerlo. Y mucho menos, cuando no prima el sentido común.

Por eso, desde aquí, quiero agradecer a todos esos profesores que no han recibido un obsequio mío y siguen tratándome de la manera más cercana posible. Quiero agradecerles todo el tiempo que han dedicado a hacerme crecer como persona y que prefiero valorarles día tras día cuando todavía mantenemos el contacto a hacerles un regalo y a no saber de ellos nunca más. Porque como bien dijo Alain Ducasse, lo mejor que se puede compartir es el conocimiento.

Compártelo para que otros lo lean...Share on facebook
Facebook
Share on google
Google
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
Linkedin
Share on pinterest
Pinterest
Share on tumblr
Tumblr

Una respuesta a «¿Exigir o eximir?»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *