El bien común.

¿Qué significa el concepto “bien común”?

La acepción general del concepto alude a aquello de lo que puede aprovecharse o puede ser utilizado por todas las personas. Aquello de lo que pueden obtener beneficios todos los individuos de una comunidad. Este no se forma sumando los bienes de cada individuo de la población, sino que es indivisible y solo se puede llegar a él e incrementar a partir de la colaboración de diferentes miembros de la comunidad. Un ejemplo de bien común sería la luz solar, no puede ser privatizado y es de libre disponibilidad.
El concepto en su teoría es muy bonito y esperanzador para toda la sociedad, pero ¿qué ocurre cuando para conseguir un bien común se sacrifican intereses particulares o personales? A ese tema quería llegar, al camino que recorremos hasta conseguir el bien común con sus pros y sus contras.

Características del “bien común”

Según José Miguel Ibáñez Langlois, la persona se ordena al bien común, porque la sociedad, a su vez, está ordenada a la persona y a su bien, estando ambas subordinadas al bien supremo, que es Dios, por lo tanto, el bien común deriva de la naturaleza humana y es, por lo tanto, superior a cualquier individuo.
La sociedad no es suma de todos sus individuos, pero es necesaria para que la persona se realice con una serie de condiciones que hagan posible el desarrollo simultáneo que necesitaremos para que la suma de los bienes individuales se convierta en la suma común.
Hablando del Estado, todo gobernante debe necesariamente buscar el bien común respetando la naturaleza de cada individuo, desechando su interés individual y ajustando las normas jurídicas a la situación real de cada circunstancia.
Y, finalmente, ser más humanos.

Siglo XXI

En la actualidad dado que nos encontramos ante una sociedad compleja, «abierta» y democrática es evidente que podemos hablar del bien común como una bonita metáfora que vemos poco realizable ante nuestros ojos y el resto de la humanidad. Si nos paramos a pensar fríamente, hay pocas situaciones que sean positivas para todos los ciudadanos al mismo tiempo. Empezando por el estado saludable de nuestro planeta; conseguir la paz y frenar las guerras con las que grandes mandatarios no consigan beneficios propios, y sí comunes; y una ley justa y transparente podrían ser elementos de un bien común. El problema viene cuando los ejemplos son mucho más concretos y lo que puede ser bueno para mí, no lo es tanto para ti. Por ejemplo, podría hablar de la expropiación de viviendas o la construcción de una autopista. En este último ejemplo, podemos observar que muchas veces para conseguir el bien común deberán sacrificarse otros intereses, tanto particulares como colectivos, como serían en este caso los de los propietarios afectados por el trazado de la autovía. En general, podemos afirmar que la mayoría de acciones o situaciones que aspiran a conseguir el bien común no son posibles, porque en realidad no existe. Como bien diría mi madre, “nunca llueve a gusto de todos”.

Finalmente, no creo que el bien común pueda llegar a ser una realidad en la cual todos convivamos. Cada día el ser humano es más crítico con las personas de su alrededor que con él mismo, nos gusta cotillear, entrometernos en vidas ajenas, imponer puntos de vista en el que el nuestro siempre será mejor y creernos con el derecho de manejar vidas para obtener un fruto de ellas. Si no somos capaces de conciliar nuestras propias necesidades y nuestros propios intereses, ¿cómo se nos puede llenar la boca queriendo conseguir un bien común?

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